Si dejase de creer que mi cadera
mueve las galaxias, escucharía,
escucharía la lluvia rodar
entras las costillas de los otros.
Esta mano sería un puente
y abriría mi pecho como una cueva
para ermitaños.
Ni todo es verdad ni mentira
ni la duda un rastro fiable
en la arena oscura.
Puede doblarse el hueso,
como la lengua o el corazón.
Habrá dolor. O no.
Guardo el libro de las cosas
nunca dichas,
hoy ecos de guerra y paz
mañana polen o pestaña en el viento.
Ya sabemos nuestro final
así que besa a tu acompañante
hasta que caiga la luna
y todo se apague.