"Yo no pongo la otra mejilla pongo el culo compañero y ésa es mi venganza" - Pedro Lemebel
30/5/17
Nunca te acerques
No quieras acercarte a un reflejo
con el pecho astillado
y la cobardía infinita
atrapada en la barba.
No quieras una isla
cuyas orillas se derriten
buscando besos salados
y es veneno disfrazado.
No quieras un poema
fingiendo ser cristalino
y es pura rabia
condenada a extinguirse.
No quieras una vida innecesaria,
de amaneceres amputados
y en la que el hilo
es el mismo laberinto.
26/5/17
Reverso
Éste
aura de tristeza
que
machaca el canto jolgorioso
buscando
encontrarme con el reverso
de una
paz dormida en el fondo del abismo.
Ésta
navaja de mala educación
recorriendo
el salvajismo frenético
de una
blanca lluvia ancestral
ante el
inocente invitado.
En el
fondo
y en la
forma, el atentado simbólico:
nuevos
cuerpos perfilados
por la
sombra del pasado.
23/5/17
Seguramente soy un gilipollas (II)
Rodeo tu cuerpo como el koala
al árbol en una dulce hora somnolienta.
Beso tu savia,
iridiscente y primitiva,
envolviéndome en un mar de ámbar.
Este momento es eterno.
Acaricio la violencia
tatuada en lo alto de tu pecho.
Me prendo de las infinitas estrellas
que surcan por tu rostro.
Todo tiene un final.
Brilla una tesela dorada
en mi íntima máquina oxidada
(guía por si quieres volver
a unir nuestros oblast).
19/5/17
Springtime Sadness
¿Qué hace de las casas de los demás
su verdadero hogar?
Comida veggie,
Netflix,
Dora pidiendo palomitas.
Me liberé de tu intimidación queer
y tú de mi molde de pasado.
Me besaste.
Seguiste besando
tras advertirte la posible carga
de podría navegar en mi sangre
(y que no fue nada).
Encontré una hermosa guitarra en tu cuerpo
y el delicioso olor del sexo entre hombres.
Preguntaste: ¿Volverás?
Acepté las reglas de un juego
cuya intensidad aumenté inconscientemente.
Quedé aplastado
entre las largas esperas de tu voluntad,
los muros de tu silencio,
tu desdén al ignorarme.
Sentí una furia adolescente brotando
entre mis dientes.
Tristeza y regocijo espesaban
mis pulmones.
Apretar tu cuello,
asfixiarte en mis labios,
despreciarte las heridas
y quemar mi supervivencia.
Sexo y rabia eran caras de la misma moneda.
La poesía es solo un disfraz.
Esta lectura es un espacio seguro:
Jamás diré: Pensé que nunca volvería a verte
o recitarte un poema escondido
o agotar la infinita lista de dudas.
Abrí el corazón, para que depositaras
las cenizas de toda la ansiedad.
El sentimiento ha sido mi propio revés.
¿Cuanto pesa mi dignidad
al ser reemplazado por otros cuerpos?
Suena el ruido de la decepción,
siendo expulsado de tu oblast
que nunca volveré a sentir.
su verdadero hogar?
Comida veggie,
Netflix,
Dora pidiendo palomitas.
Me liberé de tu intimidación queer
y tú de mi molde de pasado.
Me besaste.
Seguiste besando
tras advertirte la posible carga
de podría navegar en mi sangre
(y que no fue nada).
Encontré una hermosa guitarra en tu cuerpo
y el delicioso olor del sexo entre hombres.
Preguntaste: ¿Volverás?
Acepté las reglas de un juego
cuya intensidad aumenté inconscientemente.
Quedé aplastado
entre las largas esperas de tu voluntad,
los muros de tu silencio,
tu desdén al ignorarme.
Sentí una furia adolescente brotando
entre mis dientes.
Tristeza y regocijo espesaban
mis pulmones.
Apretar tu cuello,
asfixiarte en mis labios,
despreciarte las heridas
y quemar mi supervivencia.
Sexo y rabia eran caras de la misma moneda.
La poesía es solo un disfraz.
Esta lectura es un espacio seguro:
Jamás diré: Pensé que nunca volvería a verte
o recitarte un poema escondido
o agotar la infinita lista de dudas.
Abrí el corazón, para que depositaras
las cenizas de toda la ansiedad.
El sentimiento ha sido mi propio revés.
¿Cuanto pesa mi dignidad
al ser reemplazado por otros cuerpos?
Suena el ruido de la decepción,
siendo expulsado de tu oblast
que nunca volveré a sentir.
16/5/17
Inmolaciones merecidas
Mi sombra espera caricias en lugares imaginarios,
dramatizando
infinitos campos de batalla,
buscando
el significado de las cosas que nunca nacerán,
arropándose
con mantos de zafiros oxidados.
Perdida, entre los puntos suspensivos
que
se suicidan al final de una pregunta no formulada.
Amarga,
como el invitado inesperado
aguardando
un instante para calarlo de ácido.
Estúpida,
simulando jugar al acoso invisible de la casualidad,
creyendo
que una mirada es la chispa
que
recorra una mecha sin destino final,
o,
con suerte, que esté atada la bomba a mi propia mano.
12/5/17
Im Tal
In Lauterbrunnen mit G. und J.
Somos puntos insignificantes:
nieve cuarteada en las manos,
desbordados ojos
ante el filo del fin del mundo.
Juntamos nuestros hombros.
No existen las palabras,
números para medir las montañas
ni artificio.
Parece no existir el sol.
Incluso podría no existir la muerte.
Las nubes incendian montañas:
único sonido que calma.
El valle contiene el tiempo.
El valle nos contiene.
9/5/17
Hombres
Hermosos
hombres de pelos rubios
evocadores
de anuncios de champú fabricados en Marsella
de
profundos ojos azules que son el mismo mar de todos los veranos
que
Tusquets buscaba.
Me
excitáis haciéndome
sentir como si quisiese algo
más
que efímeros encuentros de deseo sexual con vosotros.
Sexo
macilento, bultos subterráneos de topos,
miembros
contritos que se yerguen como mástiles de punta roma,
rozando
las zonas erógenas del otro cuerpo, boca,
cuello, oreja, pezón, pie, perineo, ano
políticas
anales provenientes del estado, de la cultura, de la educación, de los mass media, cuestiones religiosas:
católicas, judías, musulmanes, budistas, chiitas, cienciología
fieles
descalzos sobre áspera gravilla rezando
contra
las inclemencias del Dios de la penetración.
Me
cago en Dios.
Ni
Dios ni pollas.
Diplomado
en pollología.
Arcos
labiales que recorren carnes cilíndricas.
Me
importa una mierda ya la estética de las geografías de las pieles uniendo mapas
desnortados que jamás se habían encontrado, creando otros nuevos estados,
carreteras, puertos de montaña,
texto
sobre texto, narrativa sobre narrativa, hipermedia, transmedia, en árbol.
No
leo detenidamente, con lupa, los detalles escabrosos, gentiles, las
astracanadas del otro cuerpo que se tumba sobre mí
dándome
su calor como estufa humana a la que los pobres quisiesen acercarse
en
las crudas noches de invierno a calentar el ajado exterior que visten
pliegues
de veteadas cortinas de pellejos mudables, serpientes, lagartos, tortugas
instinto
primitivo, animal, simiesco, la postura en la que cabalgas sobre el otro
chillidos,
temblores, estertores, lenguaje primario, rudimental,
una
compuerta abierta a la fuerza, salida como entrada, bandera de Japón, placer
final.
Pieles
estiradas de tambor en los vientres de los cuidados chicos obsesos con el
físico,
gimnasios,
templos de culto del cuerpo, rodeados de Burger Kings, grasa saturada, grasa
concentrada, grasa maltratada, grasa
insalubre, grasa barata y sin conciencia
por
un euro una hamburguesa.
Níquel
y cromo sencillo de conseguir, rápido, instantáneo, en casas de apuestas:
pantallas epilépticas con anoréxicos cánidos corriendo
tras
la falsa liebre de la falsa libertad del capitalismo en un circuito circular
sudorosos,
atléticos cuerpos sometiéndose a estertores insanos de élite,
recurriendo
a brebajes y mejunjes ilícitos, señalados
con torcidos dedos de artrítico juez, depuración
total del pecado masivo.
El
pecado no es ser infiel,
los cuernos del toro, los del ciervo macho que en época de celo están
recubiertos de terciopelo, suave al tacto de las desgastadas yemas de la convivencia
y al final se caen, partidos, comidos por la carcoma de la curiosidad,
flácidos,
como nuestros rabos tras soltar el viscoso y amargo elixir de la vida,
blanco
desteñido como la lechosa luna llena,
homogeneizándose
con el almibarado olor de la masculinidad en la máxima expresión:
dos
hombres follándose.
5/5/17
There will be light
Habito donde nadie más hay,
donde los árboles son fantasmas mutilados del pasado
y la decepción me sella con el destino de mi
fracaso.
Como una niebla navego: soy los restos de una vida
helada.
Me vuelvo ceniza al creer poder atravesar el limite innato.
Ni siquiera la oscuridad quiso atraparme.
He ido borrando mi rastro con soledad.
Esta tierra yerma es mi alimento.
Retumban, en la hojalata de mi corazón,
como una campana dorada, tus ojos milenarios:
el horizonte arde con una nueva luz.
2/5/17
El temor de la espera
Así
funciona el deseo:
se
clava en la entraña, como un relámpago,
o incendia el pecho con el aleteo
de una mariposa.
Veo,
en mi caída, siglas infecciosas
a través de esta rotura insignificante.
Sobrevivir
o no: es lo mismo.
Nada
permanece igual.
Lo
fácil sería entregarme al miedo.
No somos diferentes. Nuestras tierras son yermas.
Prefiero
disparar, crítico, al centro del prejuicio
tras
aprender vuestros discursos
envenenados con el estigma.
Puede
que durante la interminable espera
la
noche motee mi cuerpo
o que mi sangre se vuelva de cieno.
Sin
saber el resultado del destino,
amanecerá
mi temblor
y un crujir de lágrimas. Tendrán sentido.
y un crujir de lágrimas. Tendrán sentido.
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