19/6/18

Juntos, nunca existimos


Los poemas que escribí el año pasado
eran mejores.
En ellos había el dolor
consciente de saber que estabas aquí
y no encontrarte.

Ahora, tengo el dolor de tenerte
al alcance mi mano de la distancia
insalvable
el dolor de la carne contra el muro
que levantas en la noche amarga
el dolor de que nunca pronunciarás más mi nombre
y el tuyo se deshace como un
nudo de espuma en los míos
el dolor de no mirar
por una rendija tu vida
con luz desesperada o
tener una palabra que
asegure por donde van tus pasos
el dolor de ni vernos codo a codo
contra sus políticas del odio
y no morderles como fieras salvajes
en el centro de su miedo
el dolor de verme solo en una multitud
sin tu abrazo haciendo de esta condena
un lugar más templado
el dolor de no besarte
en plena mañana, disidentes
haciendo el amor contra su moral heredada
el dolor de tener el pecho incendiado como
un cóctel molotov y no poder lanzarlo
contra sus escaparates alienantes, sino
la urgencia de apagarlo
el dolor de verme expulsado, por tu absurdo
orgullo infantil, de tu empeño en borrar
todo pasado y que solo parezcas un sueño
que te he imaginado mientras hablaba
con el rumor de los ríos
el dolor de un sentimiento desequilibrado;
darnos el uno al otro importancia distintas,
el dolor de la tiranía del olvido
y tu y yo,
juntos
nunca existimos.

16/6/18

Tremenda Jauría

Ball de rebelió,
en la distancia más corta
sudando la gota gorda
que se acarician y se tocan
de filo en el canto y el beat,
dibujando la senda
del sol de medianoche en tu rostro,
brillante, y mi mirada es atrapada
pero tu no vuelves la tuya,
pones tu espalda como muro,
mi silencio contra el miedo
la carne contra la pared.
Recojo los restos del desastre
otra puta vez.

Podría arrancarme los pies,
ponerlos en otro punto del mapa,
deshacerme y fingir que toda cicatriz
no tiene un ayer,
que tu no eres el monstruo que
quema bosques con ansiedad,
que lo llevo guardado en la riñonera,
atado con las esquinas del campo
hice de la libertad una jaula,
y ahora me siembra un beso negro
en la nuca y me lleva por lo alto
de la luna sin frenos, a lo ancho
de la noche sin medida
no le importa cuanto mane de esta herida.
Son estos versos jodidos
su alimento preferido,
de doble filo,
así lucho contra la tiranía del oblit.

Si tu también has sobrevivido,
somos tropicales, somos disidentes
y quieres juntar de nuevo tu sonrisa con la mía,
transformar el veneno en medicina,
hazme una perdida.