Somos
los gritos destrozados por la opresión,
la
fuerza que hizo que Stonewall ardiese,
la
violencia necesaria de la palabra
cuando
se enciende la mecha de la revolución.
Nuestro
afán es reventar
con
las manifestaciones de nuestros cuerpos
disparando
contra el armario del dominio
endemoniado
de la heteronormatividad.
Hasta
la profundidad de la caverna
atravesar
con nuestro incómodo clavo
la
burbuja de la falsa tolerancia del capital.
No
somos el producto anestesiado
de
la victoria del Estado,
ni
de organizaciones ególatras,
en
las que no nos queremos representar.
No dejamos que se marchite la bala
en el cajón de la conformidad y
prendemos
las antorchas de la autocrítica
tras
las barricadas de la diáspora marginal,
vestidas
de amanecer para la lucha.
Que
en la cordura de besarnos
las
espadas de nuestros labios
corten
en pos de la libertad.