28/4/17

Seguramente soy un gilipollas

Si lo tuyo no es poesía
cómo explicar estos versos míos
nacidos de los restos del incendio
que quemaron la posibilidad del olvido.
Serán una larga epístola,
de las cosas nunca dichas,
o el intentar domar la gravedad.
Yo tengo mi lista eterna aquí.
Da igual.
Ante ti, me siento nacer desnudo
- just flesh and bones.

Puedo vanagloriarme de llegar primero
a los puntos cardinales de tu piel,
a los recovecos secretos de tu cuerpo. 
Sonríes al leer que puedo ser
alguien detestable.
Intenté entregarte una ayuda no solicitada
para destrozar aquella
heteronormatividad oscura
que te apresaba. 
Y acabé aplastado por tu muro de orgullo.
De mi pecho brota una cascada
llena de rabia al saber que mi recuerdo

no recorre un segundo de tu tiempo.

Pero si lo tuyo no es poesía,
lo mío tampoco.
Ha de ser realidad. 
U otra cosa diferente.
Qué más da.
Estos versos míos están inflados 
de amor libertario y solidaridad, 
no manchados de amor romántico,
o que al tenerte entre ellos
no sea acoso incesante.

Amaneceré con el pecho sangrando cristales,
sentiré tu dolor como mío,
beberé mis lágrimas con sabor a gilipollez
y, en la resaca de esta espuma,
aparecerá mi cuerpo sin color
al dejarme llevar por la ceguera
del deseo imposible:
Escuchar mi nombre
en el eco de tu voz.

25/4/17

Lo que arde

Para A.


Todavía puedo sentir el olor del metal
resbalándome, gris, por la boca, por los ojos cerrados,
por las yemas que ansían acariciar tu nueva tinta,
dejando blanca esquirlas de recuerdo.

Encajar nuestros radioactivos huesos en esta habitación arrugada,
bajo la roja luz birmana, aspirándote con mis labios,
deseoso de atravesar tu íntima niebla.
Y salvarte. Y salvarme.

Las cuerdas de la guitarra sosteniendo tu nombre,
la oscuridad abriéndome el adiós,
tu susurro escarchándome el oído:
ya es tarde.

El espejismo de la duda esperanzada escupida contra mi cara,

zanjando el abismo de mis pies quebrados,
ascendiendo de entre toda la placenta y el vómito.
Todavía no puedo respirar.

Entrego a ese señuelo celestial una mano,
mientras me dejo arrancar la otra, salvajemente,
por los violentos colmillos de tu secreto lobo,
famélico de caos.

Siempre os doy lo mismo:
mis lágrimas condenadas a no cristalizar,
mi piel rayada por la adolescencia,
mis entrañas, mi espina dorsal, mi sangre.

A todos os doy lo mismo:
lo que tan fácilmente arde.


Abril 2016

21/4/17

La caída de un bloque

Os hablo desde los restos
de un muro de Berlín
que resistió la fría guerra contra
los hombres del exterior.

Os hablo desde la Franja de Gaza
sentimental que cavé,
bombardeando mi propio límite,
para evitar que nadie llegase hasta mí.

Os hablo desde la Yugoslavia destrozada
de mi pecho, cuyas piezas
reclaman su existencia en un mapa
por el que navego perdido.