Te saludo. Al verte
imagino respuestas ingeniosas,
tu abrazo y la medianoche
a su vez, abrazándonos sobre un puente
donde los caminos se bifurcan.
Estrecho la mano, sobre tu pecho,
por el lomo del libro, cuya
historia es ésta misma.
Una tímida sonrisa se abre,
ocultas el rostro como media luna y
redescubro el dulce olor a
desobediencia en tu cuello.
Días de alegría y porvenir
y dragonas. Todo esto.
Ni siquiera devolviste el saludo.
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