24/7/17

Y si no hay nadie



Me besa la soledad, me aplasta
entre sus muros.
No solo en verano, 
es en invierno, el martes y el viernes.
Pasa siempre.

El miedo se ha vaciado y 
quedo aquí
creyendo poder respirar siempre
con los mismos pulmones y mirando
cada minuto que se deshace 
en el reloj y esperando el final
de la espera como si su llegada
fuese a salvar esta inocencia
llamada amistad.

Pero nada vuelve,
todo pasa, soy incapaz 
de trenzar redes nuevas
y mi esfuerzo atrapado por un dique
me condena a una isla.

¿Cómo se cura una soledad?
No con este poema que es veneno,
un reflejo de mi puta estupidez.

Qué más da.

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