En una mano el piti,
el whisky en la otra.
Desnudos en tu cama
vestidos en blanco y negro.
La raja de tu culo me sonríe,
desparrama el olor del deseo.
Sacudo la ceniza con dos golpes
y caen como gotas de cianuro
en una bebida.
En la mía, por ejemplo.
Todo es veneno.
También tu cuerpo,
de los pies a la polla,
de la polla a la cabeza.
Roncas y blasfemas.
Te crees el puto Bukowski, me dices.
No.
La misoginia no la acepto.
Bukowski no está en mi altar
aunque esto sea todo muy Bukowski.
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