En
cada golpe,
en
cada embestida de brazos,
patadas,
codos, saltos
alimentados
por el ritmo,
te
veo.
En
Narco, te veo.
En
Boikot, te veo.
En
Def con dos, te veo.
Cuando
alguien cae al suelo
y paramos el juego,
te
veo.
Al abrir el círculo
en la espera tensa
nuestras
mentes sobrevuelan otro lugar,
mientras el redoble del pecho
el
olor espeso
y humano nos recuerda que somos
carne
y hueso: allí
no
te veo.
Tengo
que esperar a entrar: en el choque
salvaje
de nuestros átomos,
de
la lluvia de sudor,
te
veo.
En
cada rostro que se aparece
con
sorpresa entre la marabunta,
te
veo.
Pero
no eres tú.
Y
luego nos separamos.
Y
ya sé que no estás aquí.
Y
al volver a juntarnos en esta tremenda danza
una
vez más
te
veo.
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