He visto hombres amándose:
en el canal porno
de la televisión por satélite
en los libros
polvorientos de la biblioteca
en algún anuncio en las afueras
de Vicálvaro, Madrid.
Es la superficie dorada de un mundo
podrido. Rasparla, es rasgar
el telar de nuestras entrañas,
secar las lágrimas
con piedras, cortar el oxígeno
empezar de nuevo,
una inmersión sin fecha de salida.
Puedo sacar a los indefensos
de jaulas impuestas por gigantes anónimos,
a golpe de verso.
Pero quién me seca la sangre.
Quién, si recorro las calles del barrio
como un lobo solitario, quién,
si la solución del problema
es colectiva, quién, si desconozco
a los demás, o temo por acercarme.
Qué triste al creerme libre,
intente descansar, y descubrir el mar
cubierto de espinas, ser
presa de mis misma.
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