Al luchar con la distancia,
para llegar a un lugar sin nombre,
el invierno borra cada paso,
crujen mis pies como rotas crisálidas.
Y sigo, en la balanza de la incertidumbre,
con las estrellas apagadas sobre las rodillas,
el tiempo deshaciéndome como ceniza y
el corazón atascado en la garganta.
Tengo un frío regalo,
del frío de tus palabras.
Nadie recorre el sendero helado
que se resbala por mi mejilla,
nadie completa la forma
de una caricia.
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