Hay un catálogo infinito de hombres,
tantas vidas infinitas como estrellas
desconocidas, lejanas
y oscuras,
en pequeñas galaxias de viviendas
que no me empujan hacia el salvajismo
de enroscarme en sus bocas
para
respirar profundamente.
A veces, aparece una mina
que revienta mi
entraña.
Entonces sangro
en la necedad de una vorágine devoradora.
Suspendo la lógica de mis actos
y me sacudo virulentamente del pasado al futuro,
sin
compasión ni pausa,
como
la vida
cuando
me clava su espada de realidad
en
mi temblor oscuro.
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