18/6/17

Dones inexistentes



Observo Vicálvaro desde 
lo alto de la gasolinera,
sus tejados de pueblo ,
sus farolas llenas de luciérnagas. 

Oigo: huye,
huye.
Camino desbocado
por las calles de mi barrio, 
queriendo llegar a casa.

¿Acaso tengo un hogar?
¿qué es ser de aquí?
¿me queda algún lugar seguro?

Por eso huyo, 
huyo de mí mismo,
de no encontrarme con mi realidad:
manos de arena
y voz deseando unir su fuerza.

Pero tengo el don 
de ser olvidado al instante,
de no clavarme como flor en la sien,
de ser incapaz de dar la vida que falte.

Por eso huyo,
huyo de mis mil pedazos,
sal en el paladar,
clavos ardientes en otros
tras primeras barreras superadas.
No esperéis más
que incomodidad,
que lastre 
qué bufón. 

Evito la palabra de siete letras,
el hechizo de unión 
mas valioso
-o eso nos enseñaron-
y al cual aspiro.

Por eso huyo,
huyo de la soledad
cuando solo quiero estar 
solo.


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