2/5/17

El temor de la espera

Así funciona el deseo:
se clava en la entraña, como un relámpago,
o incendia el pecho con el aleteo
de una mariposa.

Veo, en mi caída, siglas infecciosas
a través de esta rotura insignificante.
Sobrevivir o no: es lo mismo.
Nada permanece igual.
Lo fácil sería entregarme al miedo.
No somos diferentes. Nuestras tierras son yermas.

Prefiero disparar, crítico, al centro del prejuicio
tras aprender vuestros discursos
envenenados con el estigma.

Puede que durante la interminable espera
la noche motee mi cuerpo
o que mi sangre se vuelva de cieno.

Sin saber el resultado del destino,
amanecerá mi temblor
y un crujir de lágrimas. Tendrán sentido. 

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