Mi sombra espera caricias en lugares imaginarios,
dramatizando
infinitos campos de batalla,
buscando
el significado de las cosas que nunca nacerán,
arropándose
con mantos de zafiros oxidados.
Perdida, entre los puntos suspensivos
que
se suicidan al final de una pregunta no formulada.
Amarga,
como el invitado inesperado
aguardando
un instante para calarlo de ácido.
Estúpida,
simulando jugar al acoso invisible de la casualidad,
creyendo
que una mirada es la chispa
que
recorra una mecha sin destino final,
o,
con suerte, que esté atada la bomba a mi propia mano.
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