Rodeo tu cuerpo como el koala
al árbol en una dulce hora somnolienta.
Beso tu savia,
iridiscente y primitiva,
envolviéndome en un mar de ámbar.
Este momento es eterno.
Acaricio la violencia
tatuada en lo alto de tu pecho.
Me prendo de las infinitas estrellas
que surcan por tu rostro.
Todo tiene un final.
Brilla una tesela dorada
en mi íntima máquina oxidada
(guía por si quieres volver
a unir nuestros oblast).
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