9/5/17

Hombres

Hermosos hombres de pelos rubios
evocadores de anuncios de champú fabricados en Marsella
de profundos ojos azules que son el mismo mar de todos los veranos
que Tusquets buscaba.
Me excitáis haciéndome sentir como si quisiese algo
más que efímeros encuentros de deseo sexual con vosotros.
Sexo macilento, bultos subterráneos de topos,
miembros contritos que se yerguen como mástiles de punta roma,
rozando las zonas erógenas del otro cuerpo, boca, 
cuello, oreja, pezón, pie, perineo, ano
políticas anales provenientes del estado, de la cultura, de la educación, de los mass media, cuestiones religiosas: católicas, judías, musulmanes, budistas, chiitas, cienciología
fieles descalzos sobre áspera gravilla rezando
contra las inclemencias del Dios de la penetración.
Me cago en Dios.
Ni Dios ni pollas.
Diplomado en pollología.
Arcos labiales que recorren carnes cilíndricas.
Me importa una mierda ya la estética de las geografías de las pieles uniendo mapas desnortados que jamás se habían encontrado, creando otros nuevos estados, carreteras, puertos de montaña,
texto sobre texto, narrativa sobre narrativa, hipermedia, transmedia, en árbol.
No leo detenidamente, con lupa, los detalles escabrosos, gentiles, las astracanadas del otro cuerpo que se tumba sobre mí
dándome su calor como estufa humana a la que los pobres quisiesen acercarse
en las crudas noches de invierno a calentar el ajado exterior que visten
pliegues de veteadas cortinas de pellejos mudables, serpientes, lagartos, tortugas
instinto primitivo, animal, simiesco, la postura en la que cabalgas sobre el otro
chillidos, temblores, estertores, lenguaje primario, rudimental,
una compuerta abierta a la fuerza, salida como entrada, bandera de Japón, placer final.
Pieles estiradas de tambor en los vientres de los cuidados chicos obsesos con el físico,
gimnasios, templos de culto del cuerpo, rodeados de Burger Kings, grasa saturada, grasa concentrada, grasa maltratada,  grasa insalubre, grasa barata y sin conciencia
por un euro una hamburguesa.
Níquel y cromo sencillo de conseguir, rápido, instantáneo, en casas de apuestas: pantallas epilépticas con anoréxicos cánidos corriendo 
tras la falsa liebre de la falsa libertad del capitalismo en un circuito circular
sudorosos, atléticos cuerpos sometiéndose a estertores insanos de élite,
recurriendo a brebajes y mejunjes ilícitos, señalados 
con torcidos dedos de artrítico juez, depuración total del pecado masivo.
El pecado no es ser infiel, los cuernos del toro, los del ciervo macho que en época de celo están recubiertos de terciopelo, suave al tacto de las desgastadas yemas de la convivencia
y al final se caen, partidos, comidos por la carcoma de la curiosidad,
flácidos, como nuestros rabos tras soltar el viscoso y amargo elixir de la vida,
blanco desteñido como la lechosa luna llena,
homogeneizándose con el almibarado olor de la masculinidad en la máxima expresión:

dos hombres follándose.

No hay comentarios:

Publicar un comentario